Proyectos REDD+ liderados por las comunidades en Guatemala

Los proyectos REDD+ son derivados de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, con el objetivo de detener la destrucción de los bosques. REDD significa «Reducción de Emisiones derivadas de la Deforestación y la Degradación de los bosques» y el símbolo + implica que en su implementación existen componentes de conservación, gestión sostenible y participación de las poblaciones locales.

Guatemala tiene dos proyectos principales de REDD+, ambos ubicados en el Departamento de Petén al norte del país, y ambos liderados por comunidades locales de los bosques de la Reserva de la Biosfera Maya y el Parque Nacional Sierra de Lacandón.

«Los dos proyectos cumplen con el 99% de los compromisos de reducción de emisiones de Guatemala ante el Acuerdo de París, entonces son los dos proyectos nación de Guatemala, que manejamos los comunitarios, porque somos los que históricamente hemos estado cuidando los bosques que quedan»

La enorme Reserva de la Biosfera Maya cuenta con 2.1 millones de hectáreas y es el área protegida más grande de Guatemala y la mayor Reserva de Centroamérica. El 70% de sus bosques son protegidos por comunidades organizadas, reunidas en la Asociación de Comunidades Forestales de Peten (ACOFOP).

Crédito: If Not Us, Then Who?

Manuel Martínez trabaja como facilitador en la Escuela Mesoamericana de Liderazgo, un proyecto conjunto de ACOFOP y la Alianza Mesoamericana de Pueblos y Bosques, por medio del cual se capacita a las y los jóvenes de las comunidades en temas relacionados a la gestión sostenible. Manuel es además socio de Cooperativa Integral Agropecuaria Técnica Petén, conocida como “La Técnica”, donde desde los 13 años se ha involucrado en los movimientos sociales y ha conocido la historia de lucha comunitaria.

Su compromiso con el desarrollo de las comunidades y la protección de los recursos naturales lo ha llevado a participar en los dos procesos REDD+ de Guatemala: el proyecto Guatecarbon, liderado por ACOFOP en la Reserva y el proyecto Sierra Lacandón Bosques para la Vida, en el que participa, además de ACOFOP, la Fundación Defensores de la Naturaleza (FDN) que administra el Parque Nacional en conjunto con el Consejo Nacional de Áreas Protegidas (CONAP).

«Las concesiones que forman parte de ACOFOP tienen alrededor de 500,000 hectáreas protegidas en tierras concesionadas por el Estado, y junto con 4 cooperativas del lado de Sierra Lacandón, que tienen otra buena porción de bosque privado, se encargan de sacar adelante los proyectos»

Guatecarbon es un proyecto REDD+ particular a nivel mundial, porque es el único proyecto de este tipo que funciona en tierras estatales y no privadas. Adicionalmente es un proyecto que nació y fue desarrollado desde sus inicios por las comunidades forestales de Petén, un grupo de personas altamente organizado y comprometido con la lucha ambiental y el desarrollo social y económico de la población de Petén, que históricamente ha sido un Departamento con bajos niveles de desarrollo.

El proyecto Guatecarbon inició en 2006, basado en los conocimientos de las comunidades y en mecanismos establecidos por el programa REDD+ de Naciones Unidas, con el objetivo de abordar la necesidad de acciones para la mitigación al cambio climático relacionado a las emisiones de gases de efecto invernadero en la Zona de Usos Múltiples (ZUM) de la Reserva, que es donde viven y trabajan las comunidades.

Las labores comunitarias de protección del bosque y sus actividades productivas de aprovechamiento sostenible constituyen el proyecto, que es la base del Programa Nacional de Reducción de Emisiones (PRE) de Guatemala. El segundo proyecto, en Sierra Lacandón, funciona de la misma manera: garantizando la permanencia de la cobertura boscosa y evitando su degradación en la región noroeste del país.

«Guatecarbon es uno de los proyectos REDD+ más avanzados en Centroamérica, y es también el proyecto más avanzado en términos de conocimiento y de organización conjunta con el Estado. Fue el Estado de Guatemala precisamente quien usó la plataforma de Guatecarbon como base para todos los avances que tiene hasta el momento la Estrategia Nacional de Reducción de Emisiones»

Organización comunitaria en acción 

Para mantener en un estado óptimo los bosques puestos a su cargo, las comunidades forestales de Petén realizan múltiples acciones de monitoreo territorial que incluyen recorridos constantes, controles realizados con el apoyo de tecnología como drones y sistemas de posicionamiento global (GPS), mantenimiento de brechas cortafuego y la conformación de brigadas de bomberos forestales voluntarios, que apoyan a las instituciones de gobierno cada año durante las devastadoras temporadas de incendios que sufre Petén.

El modelo forestal comunitario de ACOFOP es reconocido internacionalmente por sus logros ambientales, que incluyen una tasa de deforestación de 0.4% (comparada con hasta un 30% en los Parques Nacionales adyacentes), un record de menos de un 1% de incendios en los bosques concesionados y la protección de la inmensa biodiversidad de la Reserva, así como del patrimonio arqueológico y cultural Maya que se ubica en los bosques de Petén.

Pero el modelo comunitario va mucho más allá de sus logros ambientales, generando empleos por medio de las actividades productivas y mejorando los índices de desarrollo humano en las comunidades beneficiadas.

«Entre los beneficios sociales que tiene el proyecto está la cohesión social, que nos ha mantenido unidos, trabajando por el desarrollo colectivo de las organizaciones y para mejorar la calidad de vida de las personas. Lo más importante después de mejorar la calidad de vida de la gente es la protección del bosque, el tener bosques todavía, toda la parte de la protección de los ecosistemas, la flora y fauna, y el cuido del patrimonio cultural que tiene el país»

Este año el proyecto REDD+ Lacandón Bosques para la Vida vendió sus primeros Bonos de Carbono, de los cuales se asignaron fondos a las comunidades para la protección de las áreas boscosas, el fomento de las actividades productivas y un incentivo para que las personas comunitarias puedan cubrir algunos de sus gastos básicos.

«Las personas de la comunidad tienen necesidades para darle de comer, vestir y calzar a sus hijos. No es mucho dinero, pero es un beneficio que nadie más iba a dar, entonces esto es un incentivo que algunos países están dando por medio de la compra de los bonos de carbono y aunque sea un granito de arena por ahora, se está poniendo algo para la protección del bosque también»

Tanto la Reserva de Biosfera Maya como el Parque Nacional Sierra de Lacandón enfrentan graves amenazas, que van desde la tala y la cacería ilegal, a los incendios forestales, los monocultivos como la palma africana, el narcotráfico y los asentamientos ilegales. Ante este panorama son las comunidades las que se encuentran en la primera línea de defensa del bosque, aún desde antes de que los primeros programas REDD+ del mundo existieran.

Como facilitador de procesos para las juventudes comunitarias Manuel tiene grandes esperanzas puestas en las y los jóvenes que van a continuar el enorme y complejo proyecto para proteger la Reserva de Biosfera Maya, y actualmente está liderando una organización juvenil para recuperar áreas de bosque que han sido previamente devastadas.

La prórroga de los contratos de concesión de las comunidades es el más grande reto que enfrentan ACOFOP y las comunidades actualmente, ya que asegurar la certeza jurídica de las organizaciones comunitarias permitiría continuar con el desarrollo de los dos mayores proyectos para la Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación en Guatemala.

La presente publicación ha sido elaborada con el apoyo financiero de la Unión Europea. Su contenido es responsabilidad exclusiva del Proyecto de Euroclima+ ‘Comunidades, Bosques y Biodiversidad: Promoviendo el diálogo, intercambio y cadenas de valor forestal para adaptarse y mitigar el cambio climático’ y no necesariamente refleja los puntos de vista de la Unión Europea

Asamblea General 2020, ACOFOP

Cada año las organizaciones que conforman la Asociación de Comunidades Forestales de Petén (ACOFOP) se reúnen para celebrar su Asamblea General anual, con el objetivo de conocer sobre los avances y retos del modelo forestal comunitario en el resguardando de los bosques, la biodiversidad y el patrimonio arqueológico y cultural en la Reserva de Biósfera Maya.

En la Asamblea General de ACOFOP participan representantes legales de cada uno de los grupos comunitarios organizados, así como socias & socios fundadores, jurídicos e individuales de las organizaciones base. Las representaciones de las organizaciones comunitarias que conforman ACOFOP se reúnen cada fin de año, viajando desde decenas de comunidades que rodean la Reserva de Biosfera Maya, para participar en el evento. Este año, debido a la pandemia, la Asamblea se desarrollo siguiendo las recomendaciones de distanciamiento social para proteger la salud de las más de 170 personas que participan en representación de las organizaciones.

Durante la Asamblea General se toman decisiones clave para el planeamiento anual de actividades, promoviendo el intercambio de ideas y la participación activa de las personas asociadas. El Sr. Bayron Hernández, presidente de la Junta Directiva para el periodo 2019-2020 y Representante Legal de Cooperativa Carmelita inauguró el evento, dando la bienvenida a las y los participantes.

La asamblea es un espacio en el que el Equipo Técnico de ACOFOP presenta resultados, proyectos e informes de las actividades del año que culmina. Adicionalmente, durante el evento, el Comité de Fiscalización presenta resultados anuales ante la representación de las organizaciones comunitarias. La totalidad de participantes realiza una votación para elegir a la Junta Directiva dela Asociación, la cual es nombrada cada dos años.

Las organizaciones socias de ACOFOP se acercan a los 25 años de labores, por lo cual la prórroga de los contratos de concesión comunitaria por parte del Consejo Nacional de Áreas Protegidas (CONAP), ente rector de la Reserva, es un tema de vital importancia este año, ya que la certeza jurídica de los contratos garantizaría la permanencia del modelo forestal comunitario que se desarrolla en la Zona de Usos Múltiples (ZUM) de la Reserva.

El modelo forestal comunitario de Petén es un ejemplo exitoso de conservación, gestión de los bosques y desarrollo sostenible, que asegura la protección de un 70% de la Reserva de Biosfera Maya, el área protegida más grande de Centroamérica, generando adicionalmente beneficios socioeconómicos a las comunidades, que se traducen en mejores condiciones de vida para cerca de 14,000 personas en el Departamento de Petén.

Agradecemos la participación de la totalidad de las organizaciones socias de ACOFOP en la Asamblea General 2020

Cooperativa Carmelita, Organización Manejo y Conservación (OMYC), Sociedad Civil impulsores Suchitecos, Asociación Forestal Integral San Andrés Petén (AFISAP), Sociedad Civil Custodios de la Selva (CUSTOSEL), Sociedad Civil Árbol Verde, Asociación Forestal Integral Cruce a la Colorada (AFICC), Red Forestando Chachaklum, Sociedad Civil Amigos del Bosque, Sociedad Civil Selva Maya del Norte, Sociedad Civil Laborantes del Bosque, Sociedad Civil El Esfuerzo, Cooperativa la Técnica, Cooperativa La Lucha, Cooperativa Los Laureles, Cooperativa Unión Maya Itzá, Asociación Muralla de León (AMUL), Asociación Civil Frente Petenero y Asociación Bio-Itza

 

 

 

 

Mitigando el cambio climático en la Reserva de Biosfera Maya

La Reserva de Biosfera Maya es el espacio natural protegido más grande de Guatemala y forma parte de la Selva Maya, el mayor bosque tropical del continente luego de la Amazonía. Por estas razones es un punto vital de conservación para mantener el balance climático de la región.

Las comunidades forestales de Petén protegen el 70% de esta enorme Reserva, que cuenta con 2.1 millones de hectáreas. Con apoyo de la cooperación internacional y el Consejo Nacional de Áreas Protegidas (CONAP) las comunidades han desarrollado un modelo exitoso para la gestión integral del bosque que les permite mitigar el cambio climático, detener la deforestación, la degradación del bosque, la pérdida de biodiversidad y además generar beneficios socioeconómicos.

Por medio de patrullajes constantes y sobrevuelos realizados con drones, las organizaciones comunitarias contribuyen en gran medida a detectar y prevenir amenazas como los incendios forestales, la extracción ilegal de madera, la cacería y el saqueo del valioso patrimonio arqueológico y cultural Maya.

La comunidad de Cruce a la Colorada se encuentra en uno de los caminos que conducen a la Reserva, ahí vive y trabaja Antonio Juárez, uno de los jóvenes que conforman la Red de Monitoreo Comunitario de la Asociación de Comunidades Forestales de Petén (ACOFOP).

Las principales labores de la Red de Monitoreo Comunitario son mantener vigiladas las unidades de manejo, áreas en las que las comunidades gestionan los recursos del bosque, así como apoyar a las comisiones comunitarias de vigilancia y control de incendios y respaldar a las instituciones de gobierno en la protección de la Reserva.

Antonio comenzó a participar en la Red de Monitoreo de su comunidad en 2016 y ha recibido múltiples capacitaciones en el uso de tecnología de punta para el monitoreo territorial, entre las que se encuentran el uso de Sistemas de Información Geográfica (SIG), Sistemas de Posicionamiento Global (GPS) y el manejo de vehículos aeronáuticos no-tripulados (drones).

“Lo que más ha pegado ha sido la tecnología del uso del drone, el GPS y la brújula, que son las herramientas que más se utilizan en las áreas de manejo. Los miembros de la Red de Monitoreo levantamos los datos y los llevamos a los centros de información de ACOFOP y CONAP, que son las instituciones que cuentan con el equipo necesario para procesar la información”

Los datos obtenidos por medio de las mediciones se utilizan para planificar actividades de protección del bosque, como el mantenimiento y creación de brechas cortafuego.

Es posible vivir del bosque, sin dañar el bosque

Desde hace más de 20 años las comunidades gestionan alrededor de 500,000 hectáreas en la Reserva de la Biosfera Maya, gracias a los contratos de concesión otorgados por el Gobierno de Guatemala. La Asociación Forestal Integral Cruce a la Colorada (AFICC) a la cual pertenece Antonio, se dedica al aprovechamiento sostenible de madera certificada y de otros productos como la palma ornamental de xate, la nutritiva semilla de ramón y la resina natural de chicle.

El aprovechamiento y comercialización de estos productos genera fuentes de empleo y desarrollo socioeconómico para cientos de familias y además permite la reinversión de las ganancias en actividades de control territorial.

Para mantener sus áreas de manejo forestal protegidas del fuego y las actividades ilegales, la comunidad de La Colorada ha integrado brigadas de jóvenes que, como Antonio, han desarrollado capacidades y destrezas para monitorear el territorio por medio del uso de drones, facilitando la protección no solo de las concesiones, sino también las zonas núcleo de la Reserva, incluyendo el Parque Nacional Mirador-Río Azul.

“En esta temporada de incendios 2020 apoyamos con el uso del drone, que es la tecnología que ha revolucionado y tomado auge en las unidades de manejo. Durante la temporada hacemos sobrevuelos cada dos horas en los lugares de mayor riesgo y le damos apoyo a otras áreas”

Los datos obtenidos con los sobrevuelos y mediciones se utilizan para analizar la localización de los incendios forestales y controlarlos de una mejor forma, evitando la exposición innecesaria de las brigadas de bomberos forestales. La información es especialmente útil para abordar de la mejor manera posible los incendios en áreas de difícil acceso.

Al proteger la Reserva de Biosfera Maya las comunidades desempeñan el rol vital de conservar uno de los últimos grandes bosques de la región, contribuyendo en gran medida con la mitigación del cambio climático y a evitar la deforestación y degradación del área natural protegida más grande del país.

Las capacitaciones en el uso de tecnología para el monitoreo territorial han sido apoyadas por el proyecto de Euroclima+ ‘Comunidades, Bosques y Biodiversidad: Promoviendo el diálogo, intercambio y cadenas de valor forestal para adaptarse y mitigar el cambio climático’. Euroclima+ es el programa insignia de cambio climático de la Unión Europea para América Latina, conozca más acerca del programa en www.euroclimaplus.org

La presente publicación ha sido elaborada con el apoyo financiero de la Unión Europea. Su contenido es responsabilidad exclusiva del Proyecto de Euroclima+ ‘Comunidades, Bosques y Biodiversidad: Promoviendo el diálogo, intercambio y cadenas de valor forestal para adaptarse y mitigar el cambio climático’ y no necesariamente refleja los puntos de vista de la Unión Europea

Impulsores Suchitecos, fortaleciendo la gobernanza forestal en la frontera Guatemala – Belice

Las comunidades forestales de Petén son ejemplo para el mundo por su organización y la construcción de mecanismos sostenibles de gobernanza forestal que han desarrollado a lo largo de más de dos décadas en la Reserva de Biosfera Maya.

Al Este de la Reserva se encuentra la organización comunitaria Impulsores Suchitecos, que en 1998 cumplió con los requisitos técnicos y legales que permitieron la aprobación de su primer contrato de concesión, otorgado por el Estado guatemalteco, y por medio del cual el Consejo Nacional de Áreas Protegidas (CONAP) autorizó los primeros aprovechamientos forestales sostenibles en el municipio fronterizo de Melchor de Mencos, Petén.

Impulsores Suchitecos gestiona 78,169 hectáreas de bosque de las 500,000 hectáreas concesionadas a las comunidades agrupadas en la Asociación de Comunidades Forestales de Petén (ACOFOP). Amado Santos es el representante legal de Impulsores Suchitecos y ha vivido el proceso concesionario desde el comienzo.

En sus inicios, la organización se enfrentó a muchas amenazas, como el contrabando ilícito de madera en la zona de adyacencia entre Guatemala y Belice, sin embargo, luego de realizar múltiples capturas y denuncias legales los concesionarios no han tenido este tipo de problema desde hace 17 años y ahora mantienen un trabajo conjunto con autoridades de Belice para el monitoreo de la región.

Impulsores Suchitecos se dedica al aprovechamiento forestal de productos no-maderables, como el xate y la resina de chicle, la cosecha de madera certificada y la generación de productos maderables con valor agregado, como el machimbre.

“El bosque ahora permanece más vivo que antes. Al no sanearlo el bosque se muere, ahora no, al contrario. Nosotros estamos haciendo estudios de impacto ambiental y estudios de generación de árboles y los estudios nos están indicando que el manejo va por buen camino”

La concesión comunitaria gestiona el bosque de acuerdo a principios básicos de la gobernanza forestal, como las labores continuas de control y vigilancia que evitan amenazas como el saqueo de sitios arqueológicos, la cacería y la extracción de madera ilegal, el desarrollo de asentamientos ilegales y los incendios forestales.

Amado inició su capacitación en el uso de drones y tecnologías de posicionamiento global (GPS) a comienzos de 2018, como parte de la Red de Monitoreo Comunitario de ACOFOP. A finales de ese año recibió una serie de capacitaciones prácticas y en enero de 2019 se entregaron a Impulsores Suchitecos los equipos tecnológicos con los que ahora realizan las labores de control territorial.

“Antes para el monitoreo del área usábamos torres de control y las poníamos en los cerros, pero a veces los vientos y los huracanes nos las botaban. Ahora que la tecnología va avanzando con los drones es más fácil controlar el área. Con el drone tenemos una visibilidad de unos 25 a 30 kilómetros a la redonda y ahora en cualquier lado lo levantamos y así miramos si hay incendios o hay depredación”

Además del aprendizaje en el uso de tecnología, los asociados de Impulsores Suchitecos han fortalecido capacidades en la administración de empresas forestales, que les han permitido diversificar productos y darles valor agregado, generando empleos y desarrollo socioeconómico en el municipio. Este fortalecimiento de capacidades en administración es importante para los asociados comunitarios porque las concesiones forestales deben cumplir una serie de requisitos técnicos de funcionamiento como planes de manejo anuales y quinquenales, así como el cumplimiento puntual del pago de planillas, seguros e impuestos.

Trabajando de la mano con instituciones gubernamentales, las comunidades aseguran la protección del territorio. En conjunto con el Ejército de Guatemala, el Consejo Nacional de Áreas Protegidas y los concesionarios, se administran múltiples puestos de control vehiculares en sitios estratégicos de la Reserva de Biosfera Maya, como el Puesto de Operación Conjunta ‘El Manantial’, para el cuál Impulsores Suchitecos destina equipo y personal.

“Hay muchos retos que implica ser el representante legal de una Unidad de Manejo: demostrarle al Gobierno de Guatemala como venimos manejando el bosque sosteniblemente y también la responsabilidad que se tiene en todos los asuntos jurídicos. Pero el reto más grande es la prórroga del contrato de concesión, para seguir demostrando por otros 25 años el buen manejo forestal sostenible que hemos venido haciendo”

Los avances en la consolidación de capacidades organizativas, institucionales y de liderazgo de las organizaciones de la región han sido posibles gracias al apoyo del Proyecto ‘Nuestra Tierra-Nuestros Bosques: Gobernanza Forestal desde los Pueblos Indígenas y las Comunidades Forestales para REDD+ y FLEGT’ financiado por la Unión Europea y liderado por ICCO Cooperación en la región, con el fin de lograr una participación efectiva de las comunidades indígenas, forestales y campesinas en los procesos nacionales de gobernanza forestal.

 

Comunidades forestales de Petén agradecen respaldo del Gobierno de Guatemala

Flores, Petén, Guatemala (07 julio de 2020). La Asociación de Comunidades Forestales de Petén (ACOFOP), expresa públicamente su agradecimiento al Gobierno de Guatemala por las declaraciones brindadas en su comunicado oficial del 28 de junio 2020, en el que afirma su compromiso por la conservación de la Reserva de la Biósfera Maya (RBM) “El Gobierno de Guatemala destaca también la importancia de las concesiones forestales comunitarias que funcionan en la RBM, un modelo que ha permitido conservar los bosques y la biodiversidad que alberga. A través de este programa, que contribuye a la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, el Estado de Guatemala autoriza a comunidades legalmente organizadas, a través de una licitación pública, el aprovechamiento y manejo integral de los productos forestales de un bosque”

Desde hace más de 20 años, las comunidades forestales de Petén, junto al Consejo Nacional de Áreas Protegidas de Guatemala (CONAP) y otras dependencias del Estado, con colaboración de organizaciones indígenas y comunitarias de otras regiones del país, organizaciones internacionales, centros de investigación y universidades, han implementado un exitoso modelo de gestión sostenible del bosque.

El modelo forestal comunitario permite mantener la integridad ecológica y la conservación de los recursos naturales y culturales, respetando la ley existente sobre el patrimonio arqueológico Maya que se encuentra en estos territorios y generando además beneficios económicos y sociales para las comunidades locales que participan en él. Esto constituye un sistema de gobernanza y gobernabilidad único, en el cual el gobierno y la sociedad civil organizada interactúan guiadas hacia objetivos comunes” destacó Erick Cuellar, subdirector de la Asociación de Comunidades Forestales de Petén (ACOFOP)

La relevancia del trabajo comunitario ha sido evidenciada en el más reciente informe de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) sobre El Estado de los Bosques del Mundo 2020, en el que se recomienda replicar el modelo desarrollado por las comunidades en la Reserva de Biosfera Maya en otros países de la región y el mundo, ante la pérdida acelerada de la cobertura boscosa.

Además de generar empleo con los recursos provenientes del bosque, desacelerar la migración y proveer apoyo en servicios de salud y educación a cientos de familias, las comunidades forestales de Petén han desarrollado una gran capacidad para evitar y enfrentar los incendios forestales. En 2020, ACOFOP reporta una incidencia de cero incendios en las áreas bajo su gestión, el monitoreo de los 17 años anteriores refleja condiciones similares. Sin embargo, como apoyo a las labores institucionales para el control de los incendios provocados en las áreas protegidas de Petén, 200 bomberos forestales comunitarios, han asegurado, con su labor, la conservación de la Zona Núcleo de la reserva.

Investigaciones de organizaciones independientes, como la Universidad de Texas, en Estados Unidos y la Fundación PRISMA, en El Salvador, han probado que la RBM está amenazada no sólo por incendios forestales, sino también por la creciente presión de múltiples amenazas. “Al estudiar las concesiones sabemos que ACOFOP representa el último bastión de la conservación forestal en Guatemala», dijo Andrew Davis, investigador de la Fundación PRISMA. «Las concesiones están rodeadas de áreas donde el bosque ha sido diezmado por actividades ilegales”.

Durante más de dos décadas, las comunidades, caracterizadas por su diversidad, multiculturalidad, procesos participativos y democráticos, han logrado conservar e incrementar la cobertura de bosques de la reserva, como lo muestra el informe Monitoreo de la Gobernabilidad en la Reserva de la Biósfera Maya, elaborado por el Consejo Nacional de Áreas Protegidas (CONAP) con colaboración de otras organizaciones.  Este reporte indica que la zona Este la RBM, que abarca 1.1 millones de hectáreas y donde se encuentran las concesiones forestales comunitarias, es la más estable de la reserva:

Durante 2017 se registró por primera vez desde que se dispone de datos, una cifra positiva en cuanto a la cobertura boscosa, con una ganancia neta de 1,088 hectáreas de bosque. Este dato demuestra una estabilidad ecológica excepcional, considerando los retos para la conservación en Guatemala. El CONAP reconoce y agradece la labor de las comunidades, instituciones de sociedad civil, y la cooperación internacional que ha apoyado nuestra labor en esta sección tan espectacular de nuestro país” agregó el reporte.

ACOFOP considera que cualquier proyecto de desarrollo para la Reserva de la Biosfera Maya debe contar con una amplia participación de las comunidades forestales, como tomadoras de decisiones, respetando el modelo de desarrollo diversificado que han creado y que es reconocido a nivel nacional e internacional. Como guardianes del bosque reiteramos nuestro compromiso y respeto ante las leyes de patrimonio natural y cultural de Guatemala, para beneficio de todas y todos los guatemaltecos.

 

 

 

 

Los guardianes de la Biosfera Maya solicitan renovar nueve concesiones

Más de 24 mil personas están a cargo de 500 mil hectáreas de bosque húmedo. Las comunidades mantienen un proceso comercial y de protección a la naturaleza

Por: Evelin Vásquez / elperiódico

Una línea delgada divide el bosque de la Reserva de la Biosfera Maya (RBM). Un territorio verde con altos árboles y una pradera extensa para la agricultura y ganadería marcan la diferencia.

La Reserva abarca 2.1 millones de hectáreas (ha) de bosque que se extiende por México, Guatemala y Belice. Aquí se encuentra una diversidad de animales salvajes, vegetación y sitios arqueológicos que marcan la historia de la civilización.

Alrededor de 500 mujeres pertenecen a las concesiones en Acofop. Ellas representan a sus organizaciones a nivel nacional e internacional y dirigen los proyectos productivos de la comercialización de xate para la exportación. Además de la producción de pimienta, semilla de Ramón y el desarrollo del turismo comunitario en sus localidades.

A 552 kilómetros de la Ciudad de Guatemala hacia el norte del país están ubicadas nueve concesiones de la Asociación de Comunidades Forestales de Petén (Acofop), quienes están a cargo de la preservación del bosque húmedo petenero, bajo un modelo forestal comunitario con gestión económica, social y ambiental.

Entre caminos de terracería en mal estado, sin pertenencia territorial, casas de adobe y poco acceso a servicios básicos, más de 4 mil 600 familias están a cargo de 500 mil ha. “Nunca creyeron que las comunidades podíamos manejar el bosque de forma sostenible, organizarnos y compartir en el control del territorio”, manifiesta Marcedonio Cortave, director ejecutivo.

Este territorio promueve agricultura de productos no tradicionales, la tala de árboles controlada y el turismo sostenible. Las concesiones exportan palma de xate, nuez de ramón, pimienta y apicultura. Además mantienen un modelo de corte de madera de 25 a 30 años.

El coordinador del área de desarrollo de capacidades de Acofop, Erick Cuéllar, explicó que no ha sido un trabajo fácil trasladarse de una economía tradicional a una circular donde se pueda vivir del bosque por medio de su conservación. Sin embargo, los comunitarios se convirtieron en forestales, técnicos y empresarios.

“Muchos de los socios se dedicaban a la agricultura y venían con la idea de botar el bosque y dedicarse a sembrar maíz o a la ganadería, pero en el proceso se logró cambiar”, expresa Cuéllar.

Patrimonio

Las concesiones comenzaron en 1990 a partir de la creación de la Reserva de la Biosfera Maya. Desde acá han tenido que afrontar delincuencia, tala ilegal, narcotráfico y narcoganadería.

No obstante, el  modelo ha logrado establecer un sistema de gobernabilidad en el territorio con una alianza entre pobladores, Estado y organizaciones internacionales. Además se llevó un cambio cultural al garantizar la participación de jóvenes y mujeres para que puedan obtener mejoras salariales.

El sistema forestal comunitario se basa en un aprovechamiento sostenible del bosque que no deja atrás el rescate de especies en peligro de extinción, la reducción del índice de deforestación y el control y manejo de incendios forestales. Asimismo, se creó el proyecto Guatecarbon para disminuir las emisiones de dióxido de carbono.

Modelo para la amazonia

Durante julio, funcionarios públicos, dirigentes de entidades de conservación forestal, agricultores, ingenieros y líderes de asociaciones de Brasil, Colombia y Perú visitaron tres de las nueve concesiones comunitarias para verificar el proceso organizativo local y poder replicarlo.

El director de la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible (FCDS), Rodrigo Botero, explicó que Petén es una referencia para la Amazonia por utilizar un modelo comercial, productivo y de diversificación exitoso. “En 25 años las concesiones cambiaron sus prácticas cotidianas y marcaron la diferencia con un modelo de gobernanza estable”, enfatizó.

Pero conseguir la estabilidad no fue fácil, enfatiza Botero. Petén estuvo inmerso en las consecuencias del conflicto armado interno, se mantuvo una fricción entre las comunidades y la llegada del Consejo Nacional de Áreas Protegidas (Conap). Así también la apropiación territorial por el narcotráfico, gobiernos locales cooptados, presencia militar y un aparato económico inmerso en la corrupción.

Varias de las comunidades viven dentro de la Reserva de la Biosfera Maya, estas no fueron desalojadas porque el gobierno reconoció su pertenencia histórica. Sin embargo, la tierra no les pertenece y se exponen a falta de infraestructura vial, de viviendas y servicios básicos como agua, saneamiento y salud. Las construcciones se mantienen de adobe y lámina. Al concluir las concesiones el mayor temor es que los retiren.

Las mujeres tienen incidencia

El modelo comunitario forestal de Petén hizo un cambio cultural al coordinar junto a las mujeres de las comunidades el manejo de la comercialización de la palma de xate, pimienta, semilla de ramón y el desarrollo del turismo.

Son 481 las socias de Acofop. La red de mujeres representa a sus organizaciones a nivel nacional e internacional. Parte del compromiso constante son las capacitaciones en liderazgo y fortalecimiento de habilidades. Dominga Boj, administradora de la bodega de xate en Uaxactún, Petén, explicó que son ellas las encargadas de hacer un control de calidad y seleccionar las mejores hojas, sin hongos y cortes.

Boj dirige las operaciones de forma manual. La mayoría de las mujeres no tuvieron acceso a la educación o llegaron a tercero primaria. “Ahora tenemos un tema de género, en el que nosotras valemos. Poseemos los mismos derechos y obligaciones que antes no teníamos, solo los hombres”, argumentó. Las mujeres acceden a salarios arriba del mínimo, seguro social y educación.

Plan de éxito

La exportación de xate se hace principalmente hacia Estados Unidos para la elaboración de arreglos florales. Boj expresó que se envían 400 paquetes semanales. Cada uno posee 600 palmas que varía por tamaño entre jade, regular o cola de pescado. El costo de venta oscila entre US$12.25 a US$14.50 por paquete.

La calidad del mercado en Acofop fue liderado por la adquisición de certificaciones internacionales. El Consejo de Administración Forestal (FSC, por sus siglas en inglés) otorgó  tres certificaciones que le da al negocio un valor agregado. Conap tutela y otorga las licencias de exportación, por lo que las concesiones se rigen bajo este contrato.

Lideresas

Otros de los logros es la intervención de las mujeres en la Red de Mujeres de la Alianza Mesoamericana de Pueblos y Bosques (AMPB) y la Red de Mujeres Salvando Vidas, una alianza trinacional entre México, El Salvador y Guatemala.

Andrew Davis, investigador principal del Programa Regional de Investigación sobre Desarrollo y Medio Ambiente (Prisma), expresó que las comunidades han integrado un modelo de vida sostenible en el que son parte las lideresas  siendo eje central del progreso.

Bosques podrían perderse

Uno de los peligros a mediano plazo es la desaparición de dos de las nueve concesiones que reúne la Acofop. El contrato entre Conap y las comunidades se extiende por 25 años, en 2022 finalizará el convenio de los territorios de Melchor de Mencos y Carmelita. Entre desconsuelo y poca armonía del gobierno municipal y central, los pobladores se mantienen intranquilos de que el acuerdo no se prorrogue. Cada comunidad genera entre US$8 a US$10 millones anualmente. Los recursos se dirigen a salarios, infraestructura, educación, salud, vigilancia, preservación forestal y control de incendios. Hasta la fecha se desconoce cuál será el destino de la Reserva de la Biosfera Maya.

Articulo original publicado por El Periódico, Guatemala, en este enlace

Los bosques comunitarios de Guatemala, un ejemplo para Colombia

Antiguos cazadores hicieron de la conservación un negocio que  generar 6 millones de dólares al año

Por: Tatiana Pardo Ibarra

26 de julio 2019 , 07:02 p.m.

Hasta Petén, en Guatemala, llegaron algunos líderes campesinos de Brasil, Perú y Colombia para aprender sobre el manejo comunitario del bosque que antiguos cazadores y contrabandistas de madera hacen dentro de la Reserva de la Biósfera Maya.

Creada en febrero de 1990 como el complejo de áreas protegidas continuas más grande de Centroamérica, la tupida selva tropical abarca 2,1 millones de hectáreas (ha) que se extienden hasta México y Belice. En la medida en que nos adentramos, una carretera estrecha de arenisca roja deja ver el contraste del paisaje: a un lado, árboles en pie; al otro, pastizales con vacas que rumian. Esa es la diferencia entre los territorios manejados por 9 concesiones, agrupadas en la Asociación de Comunidades Forestales de Petén (ACOFOP), y aquellos que no.

Esta zona de triple frontera, que ha vivido en carne propia los estragos que dejaron tres décadas de conflicto armado interno, tiene hoy uno de los ejemplos más aplaudidos sobre los beneficios económicos que brinda la conservación de los recursos naturales.

Los locales han logrado frenar la deforestación, controlar los incendios forestales, estabilizar la frontera agrícola y proteger el hogar de varias especies amenazadas –como el jaguar, el faisán, el tapir y el mono araña– a través de un modelo productivo que les es rentable–. Se refieren a él como “la mayor extensión bajo concesión comunitaria del mundo”.

Petén Guatemala
Esta es la diferencia entre el bosque manejado de manera sostenible por ACOFOP y el que no. La comunidad usa drones para controlar los incendios. Foto: Sergio Izquierdo para USAID | Rainforest Alliance

El camino, por supuesto, ha estado lleno de tropiezos. Andrew Davis, del Programa Regional de Investigación sobre Desarrollo y Medioambiente (Prisma), explica que la creación de la reserva básicamente fue impuesta sobre las comunidades que ya vivían ahí y tenían una tradición forestal. “Los límites fueron hechos desde un escritorio que desconocía las realidades locales, lo que generó una resistencia, que además se mezcló con una alta conflictividad y fragmentación social que dejó el final de la guerra”, dice.

En este escenario convulso surge la necesidad de buscar mecanismos que ayuden a aliviar las presiones sobre el bosque tropical y, a la vez, se concilie con las necesidades locales. La respuesta del Estado guatemalteco fue aprobar una política que reconocía derechos de manejo a los pequeños y medianos campesinos bajo contratos de concesión (de 25 años prorrogables) dentro de una fracción de la reserva. El acuerdo de paz firmado en 1996 fue el empujón que hacía falta para avanzar: se les entregaron 100.000 hectáreas de tierra.

El Estado no creía que las comunidades pudiésemos manejar el bosque de manera sostenible, organizarnos y compartir derechos en el control del territorio

Hoy, 2.500 socios (pero más de 15.000 beneficiados directamente) quintuplicaron su área dentro de la región de Petén, lo que al año les genera unos 6 millones de dólares gracias a la exportación de maderas finas (cedro, caoba y machiche); el aprovechamiento de recursos no maderables (como chicle, xate, pimienta y nuez de ramón), las plantas medicinales, las artesanías y el turismo.

“Esto no ha sido fácil”, recuerda Marcedonio Cortave, el líder que empezó este modelo de gobernanza años atrás. “Lo primero fue la desconfianza. El Estado no creía que las comunidades pudiésemos manejar el bosque de manera sostenible, organizarnos y compartir derechos y responsabilidades con ellos en el control del territorio”.

Lo más difícil, cuenta, fue el cambio cultural y el tecnicismo que hay detrás de tantas reuniones y papeleo. Entre un enjambre de conceptos, “uno se pierde y hasta da pena opinar para no pasar por ignorante”, dice el hombre de 60 años a quien la violencia le arrebató a su hermano mayor y luego lo obligó a desplazarse. Para obtener resultados, aconseja, hay que empezar con simplificar el lenguaje y reconocer los distintos saberes.

Las comunidades locales se han capacitado en manejo de drones para monitorear y vigilar el estado de la selva, particularmente para prevenir incendios forestales.

Jaguar
Wildlife Conservation Society (WCS) ha realizado distintos estudias que muestras los efectos positivos de las concesiones comunitarias en la conservación de especies en peligro de extinción. Foto: Sergio Izquierdo para USAID – Rainforest Alliance

La cogestión es fundamental. Entre los huacheros –que saquean los sitios arqueológicos y luego venden las piezas antiguas en el mercado negro–, el narcotráfico, la ganadería extensiva, el turismo voraz y desorganizado, los intereses petroleros, la siembra de palma de aceite y caña de azúcar, así como la incertidumbre de que las concesiones terminarán pronto (solo les quedan entre 3 y 7 años), la comunidad se ha venido organizando y capacitando para hacerles frente a las distintas amenazas que acorralan sus hogares.

Solo en el año 2017, Acofop destinó 412.000 dólares en labores de control y vigilancia de incendios forestales, lo que les permitió realizar más de 1.000 patrullajes, poner 200 campamentos y hacer el mantenimiento de 453 kilómetros de brechas cortafuego a lo largo del territorio bajo su control. La ciencia los respalda: “En las nueve concesiones comunitarias, la tasa de deforestación anual ha sido de 0,1 por ciento, mientras que en las áreas no concesionadas llega a 2,2”, señala el Cifor.
.Guatemala significa ‘donde abundan los árboles’. Petén le hace justicia al nombre, aún.

Plan piloto en Guaviare

Olmes Rodríguez tiene 20 hectáreas de tierra en el segundo departamento más deforestado de Colombia: Guaviare, ubicado en la Amazonia. Desde el aire, este departamento se ve fragmentado, con trochas que se abren paso entre la selva como espinas de pescado. A veces luce más como un tapete pegado con retazos que llevan el nombre de coca, vacas, posconflicto, extracción ilícita de minerales y madera, al igual que una especulación alrededor de la tierra que agrava el problema.

Rodríguez sueña con replicar el modelo de Guatemala en su territorio, pero antes le exige al Estado “voluntad política” para parar las motosierras y “judicializar a las grandes cabezas”. El año pasado, la Amazonia perdió 138.176 hectáreas de bosque natural, concentrando el 70 por ciento de la deforestación nacional.

Él es el presidente de la Asociación de Juntas de Acción Comunal del Capricho (Asocapricho), conformada por 120 familias que viven en siete veredas de San José del Guaviare (Manaviri, Chuapal, Paraíso, Tortugas, Caño Lajas, Caño Pescado y Caño Nilo) y que desde hace dos años empezaron a diversificar su modelo productivo. El programa GEF Corazón de la Amazonia lidera el proceso.

Chicleros
La mayoría de los ingresos de Acofop vienen de la exportación de maderas finas (cedro, caoba y machiche). Foto: Sergio Izquierdo para USAID | Rainforest Alliance.

Ahora estamos gateando, pero el que no empieza no termina, ¿cierto? Yo solo espero que podamos aprovechar la biodiversidad de nuestro país para frenar la deforestación. Tenemos cascadas hermosas, ríos, montañas y animales únicos”, señala orgulloso. “Lo primero que tenemos que hacer, después de ver a los compañeros de Acofop, es organizarnos mejor y que el Gobierno Nacional cumpla con el acuerdo de paz, especialmente con el tema de sustitución de cultivos ilícitos”.

A diferencia de ACOFOP, Asocapricho tiene otras potencialidades. En las 21.457 hectáreas que tienen en el corredor de conectividad entre los parques naturales de Chiribiquete y La Macarena se han identificado especies no maderables (asaí, cumare, seje, zancona y moricho), de las que podrían elaborar jugos, helados, mermeladas, aceites naturales, productos de belleza y medicinales; pero también especies con un valor en el mercado, como abarco, achapo, caoba y cedro macho.

Para Rodrigo Botero, director de la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible (FCDS), este es el momento para que Colombia piense en bosques comunitarios, donde los campesinos sean gestores del territorio, en un escenario marcado por la incertidumbre del posacuerdo. “Gran parte de la deforestación está concentrada en la reserva forestal de la Amazonia, en zonas que se vieron afectadas por la guerra. Habría que hacer un plan piloto en el cual el Estado les dé derechos de uso a las comunidades a largo plazo y sean estas las que administren el bosque”, afirma.

Botero no se refiere a fincas o aserraderos que involucren algún proyecto sostenible, sino a “un control territorial compartido e integral (entre entidades y actores) que genere apropiación e incluya más acciones disuasivas que ofensivas”. Lo primero que hay que hacer, opina, es organizar la casa: una línea base de gobernabilidad.

Más de 40 mujeres trabajando el xate en Uaxactún

Muchos de los habitantes de Uaxactún primero conocieron las avionetas antes que los carros. Sus primeros pobladores llegaron desde distintos rincones de Guatemala atraídos por la fiebre de la explotación chiclera que afloró a inicios del siglo XX, por lo que una pista de aterrizaje se abrió paso entre la selva para sacar la savia hacia mercados internacionales. La carretera que conduce al caserío es la misma que lleva al parque natural Tikal, un espeso bosque declarado patrimonio mixto de la humanidad por la Unesco que resguarda los restos arqueológicos de la antigua civilización maya.

Allí vive doña Dominga, una de las 40 mujeres que trabajan todos los días, de
7 a. m. a 5 p. m. en el centro de acopio de la palma del xate. Son ellas quienes se encargan de hacer el control de calidad y seleccionar las mejores hojas (sin hongos o cortes) que luego serán exportadas a Estados Unidos para hacer arreglos florales.

Ahora, con el tema de género, podemos aportar económicamente a nuestros hogares y sacar adelante a los hijos. Somos igual que ellos”, dice Dominga, quien trabaja desde el año 2005 en esta actividad.

TATIANA PARDO IBARRA
Twitter: @Tatipardo2
tatpar@eltiempo.com

Articulo publicado originalmente por El Tiempo (Colombia) en este enlace