Biósfera Maya: la exitosa historia de conservación de la selva tropical en Guatemala y por qué ahora está bajo amenaza

04 octubre, 2019

Mientras gran parte de la atención mundial se centraba en los incendios que han devastado la selva tropical de Sudamérica en las últimas semanas, una lucha a miles de kilómetros de distancia se está librando para salvar una zona protegida.

La Reserva de la Biosfera Maya en Guatemala se encuentra en un punto crítico de deforestación, pero hay una gran franja donde la tasa se ha mantenido en casi 0 desde el año 2000.

Sin embargo, lo que ha sostenido esta historia de éxito está amenazado. La periodista Lucy Sherriff explica por qué

«Es un tremendo ejemplo de cómo manejar un bosque» dice Alejandro Santos sobre el esquema de gobierno pionero en su tipo que permite a las comunidades locales administrar partes de la Reserva de la Biosfera Maya.

Santos es un economista ambiental que trabaja con los habitantes del lugar.

Dice que proteger la biosfera, que cubre una quinta parte de Guatemala, es clave no solo porque alberga una gran variedad de vida silvestre, sino también por sus capacidades de captura de carbono.

El esquema, puesto en marcha desde 1994, otorga concesiones a 12 comunidades para administrar el 20% de la biosfera, lo que equivale a unas 400.000 hectáreas.

En las áreas gestionadas por las comunidades, la tasa de deforestación ha caído al 0,4% en los últimos años, como indica un estudio de la ONG internacional Rainforest Alliance.

En contraste, algunas de las áreas circundantes tienen algunas de las tasas de deforestación más altas de las Américas.

12 comunidades tienen bajo su cuidado el 20% de la biósfera maya en Guatemala. Foto: Sergio Izquierdo

El parque nacional Laguna del Tigre es una de esas áreas.

Protegido bajo la ley del gobierno pero no administrado por las comunidades locales, ha perdido el 30% de su cobertura arbórea entre 2001 y 2018, según datos satelitales.

Sin embargo, en Carmelita, que es parte del plan, a las personas se les permite vivir del bosque, siempre que lo hagan de manera sustentable.

«El modelo funciona», dice Carlos Crasborn, residente en Carmelita y líder de la Asociación de Comunidades Forestales de Petén, el organismo que supervisa las concesiones y los enlaces con el gobierno.

Explica que la diferencia entre la tasa de deforestación en Laguna del Tigre y su comunidad muestra que permitir que las comunidades locales manejen el bosque es el camino a seguir.

«Nuestra lucha siempre ha sido probarnos ante el gobierno, y lo hemos hecho», señala.

Futuro Incierto

A pesar de su éxito, el futuro del modelo está en peligro.

Las concesiones, cada una de las cuales tiene su propia fecha de vencimiento, deben renovarse en los próximos cinco años.

Las concesiones para trabajar el bosque de manera sustentable, como la cosecha de nueces de ramón, se otorgaron en 1994. Foto: Sergio Izquierdo

El más cercano expira en 2020 y no hay garantía de que el gobierno guatemalteco lo renueve.

Una serie de industrias, incluyendo las del comercio de cemento, de telecomunicaciones y de turismo, tienen sus ojos puestos en la reserva que cuenta con ricos recursos y tierras maduras para el desarrollo.

Si el gobierno guatemalteco decide no renovar la concesión de Carmelita, la comunidad tendrá que abandonar el bosque.

«Hemos estado aquí durante 120 años y no parece justo que tengamos que irnos», apunta Crasborn.

El ingreso que su comunidad obtiene del bosque asciende al equivalente a US$675.000 anualmente.

Las comunidades pueden ganar dinero a través de contratos con agencias gubernamentales y las ONG que ayuden a conservar el bosque, incluida una asociación con el proyecto GuateCarbon de la ONU, que paga a la población local por los servicios forestales.

Las reservas han fortalecido el desarrollo comunitario y han evitado la migración de sus habitantes. Foto: Charlie Watson

Las fuentes de ingresos incluyen patrullaje forestal, prevención de incendios, cosecha de madera y productos no maderables, como hojas de palmera de xate, chicle y nueces de ramón.

Más de 15.000 personas viven en las comunidades que administran la reserva.

Entre esta población, los niveles de desnutrición infantil son más bajos, las tasas de asistencia a la escuela son más altas, y menos personas migran a las ciudades.

Poca Fe

«¿A dónde iríamos? No sé dónde viviríamos», dice Crasborn. La gente en Carmelita tiene poca fe en el gobierno, señala.

«Sería muy triste ver que este bosque se convierta en pastoreo de ganado después de tanto trabajo duro», agrega, refiriéndose al interés que la industria agrícola ha expresado en el área.

El gobierno se beneficiará financieramente de la venta del bosque a corporaciones privadas, además de que la presencia de petróleo significa que la tierra es particularmente valiosa.

Pero las consecuencias de no renovar las concesiones comunitarias se extenderían más allá del desplazamiento de las comunidades.

La cosecha del chicle es una de las actividades que la comunidad de Carmelita realiza en el bosque. Foto: Sergio Izquierdo

El bosque es una herramienta vital de captura de carbono y sostiene un abanico de biodiversidad, incluida la última población restante de una subespecie de guacamaya roja.

La reserva alberga más de 500 especies de aves, así como jaguares, el tapir de Baird en peligro de extinción, y muchos más tipos de fauna y flora.

«Es muy difícil decir qué sucederá», sostiene Gabriela Cordón, quien trabaja para Rainforest Alliance, una ONG que hace campaña en Guatemala para renovar las concesiones.

La BBC contactó a la oficina gubernamental que autoriza y renueva las concesiones, el Consejo Nacional de Áreas Protegidas, para obtener comentarios, pero no recibió una respuesta.

«El gobierno podría decir ‘no te preocupes, estará bien’, pero pueden cambiar de opinión.Históricamente, así es como funciona nuestro gobierno,no hay certeza. Esa es nuestra principal preocupación», expone Cordón.

«No podemos confiar en que el gobierno tenga en mente los mejores intereses de las comunidades y los bosques, especialmente cuando hay organizaciones influyentes que tienen otros planes».

Este artículo fue publicado originalmente por BBC Mundo en este enlace

Los guardianes de la Biosfera Maya solicitan renovar nueve concesiones

Más de 24 mil personas están a cargo de 500 mil hectáreas de bosque húmedo. Las comunidades mantienen un proceso comercial y de protección a la naturaleza

Por: Evelin Vásquez / elperiódico

Una línea delgada divide el bosque de la Reserva de la Biosfera Maya (RBM). Un territorio verde con altos árboles y una pradera extensa para la agricultura y ganadería marcan la diferencia.

La Reserva abarca 2.1 millones de hectáreas (ha) de bosque que se extiende por México, Guatemala y Belice. Aquí se encuentra una diversidad de animales salvajes, vegetación y sitios arqueológicos que marcan la historia de la civilización.

Alrededor de 500 mujeres pertenecen a las concesiones en Acofop. Ellas representan a sus organizaciones a nivel nacional e internacional y dirigen los proyectos productivos de la comercialización de xate para la exportación. Además de la producción de pimienta, semilla de Ramón y el desarrollo del turismo comunitario en sus localidades.

A 552 kilómetros de la Ciudad de Guatemala hacia el norte del país están ubicadas nueve concesiones de la Asociación de Comunidades Forestales de Petén (Acofop), quienes están a cargo de la preservación del bosque húmedo petenero, bajo un modelo forestal comunitario con gestión económica, social y ambiental.

Entre caminos de terracería en mal estado, sin pertenencia territorial, casas de adobe y poco acceso a servicios básicos, más de 4 mil 600 familias están a cargo de 500 mil ha. “Nunca creyeron que las comunidades podíamos manejar el bosque de forma sostenible, organizarnos y compartir en el control del territorio”, manifiesta Marcedonio Cortave, director ejecutivo.

Este territorio promueve agricultura de productos no tradicionales, la tala de árboles controlada y el turismo sostenible. Las concesiones exportan palma de xate, nuez de ramón, pimienta y apicultura. Además mantienen un modelo de corte de madera de 25 a 30 años.

El coordinador del área de desarrollo de capacidades de Acofop, Erick Cuéllar, explicó que no ha sido un trabajo fácil trasladarse de una economía tradicional a una circular donde se pueda vivir del bosque por medio de su conservación. Sin embargo, los comunitarios se convirtieron en forestales, técnicos y empresarios.

“Muchos de los socios se dedicaban a la agricultura y venían con la idea de botar el bosque y dedicarse a sembrar maíz o a la ganadería, pero en el proceso se logró cambiar”, expresa Cuéllar.

Patrimonio

Las concesiones comenzaron en 1990 a partir de la creación de la Reserva de la Biosfera Maya. Desde acá han tenido que afrontar delincuencia, tala ilegal, narcotráfico y narcoganadería.

No obstante, el  modelo ha logrado establecer un sistema de gobernabilidad en el territorio con una alianza entre pobladores, Estado y organizaciones internacionales. Además se llevó un cambio cultural al garantizar la participación de jóvenes y mujeres para que puedan obtener mejoras salariales.

El sistema forestal comunitario se basa en un aprovechamiento sostenible del bosque que no deja atrás el rescate de especies en peligro de extinción, la reducción del índice de deforestación y el control y manejo de incendios forestales. Asimismo, se creó el proyecto Guatecarbon para disminuir las emisiones de dióxido de carbono.

Modelo para la amazonia

Durante julio, funcionarios públicos, dirigentes de entidades de conservación forestal, agricultores, ingenieros y líderes de asociaciones de Brasil, Colombia y Perú visitaron tres de las nueve concesiones comunitarias para verificar el proceso organizativo local y poder replicarlo.

El director de la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible (FCDS), Rodrigo Botero, explicó que Petén es una referencia para la Amazonia por utilizar un modelo comercial, productivo y de diversificación exitoso. “En 25 años las concesiones cambiaron sus prácticas cotidianas y marcaron la diferencia con un modelo de gobernanza estable”, enfatizó.

Pero conseguir la estabilidad no fue fácil, enfatiza Botero. Petén estuvo inmerso en las consecuencias del conflicto armado interno, se mantuvo una fricción entre las comunidades y la llegada del Consejo Nacional de Áreas Protegidas (Conap). Así también la apropiación territorial por el narcotráfico, gobiernos locales cooptados, presencia militar y un aparato económico inmerso en la corrupción.

Varias de las comunidades viven dentro de la Reserva de la Biosfera Maya, estas no fueron desalojadas porque el gobierno reconoció su pertenencia histórica. Sin embargo, la tierra no les pertenece y se exponen a falta de infraestructura vial, de viviendas y servicios básicos como agua, saneamiento y salud. Las construcciones se mantienen de adobe y lámina. Al concluir las concesiones el mayor temor es que los retiren.

Las mujeres tienen incidencia

El modelo comunitario forestal de Petén hizo un cambio cultural al coordinar junto a las mujeres de las comunidades el manejo de la comercialización de la palma de xate, pimienta, semilla de ramón y el desarrollo del turismo.

Son 481 las socias de Acofop. La red de mujeres representa a sus organizaciones a nivel nacional e internacional. Parte del compromiso constante son las capacitaciones en liderazgo y fortalecimiento de habilidades. Dominga Boj, administradora de la bodega de xate en Uaxactún, Petén, explicó que son ellas las encargadas de hacer un control de calidad y seleccionar las mejores hojas, sin hongos y cortes.

Boj dirige las operaciones de forma manual. La mayoría de las mujeres no tuvieron acceso a la educación o llegaron a tercero primaria. “Ahora tenemos un tema de género, en el que nosotras valemos. Poseemos los mismos derechos y obligaciones que antes no teníamos, solo los hombres”, argumentó. Las mujeres acceden a salarios arriba del mínimo, seguro social y educación.

Plan de éxito

La exportación de xate se hace principalmente hacia Estados Unidos para la elaboración de arreglos florales. Boj expresó que se envían 400 paquetes semanales. Cada uno posee 600 palmas que varía por tamaño entre jade, regular o cola de pescado. El costo de venta oscila entre US$12.25 a US$14.50 por paquete.

La calidad del mercado en Acofop fue liderado por la adquisición de certificaciones internacionales. El Consejo de Administración Forestal (FSC, por sus siglas en inglés) otorgó  tres certificaciones que le da al negocio un valor agregado. Conap tutela y otorga las licencias de exportación, por lo que las concesiones se rigen bajo este contrato.

Lideresas

Otros de los logros es la intervención de las mujeres en la Red de Mujeres de la Alianza Mesoamericana de Pueblos y Bosques (AMPB) y la Red de Mujeres Salvando Vidas, una alianza trinacional entre México, El Salvador y Guatemala.

Andrew Davis, investigador principal del Programa Regional de Investigación sobre Desarrollo y Medio Ambiente (Prisma), expresó que las comunidades han integrado un modelo de vida sostenible en el que son parte las lideresas  siendo eje central del progreso.

Bosques podrían perderse

Uno de los peligros a mediano plazo es la desaparición de dos de las nueve concesiones que reúne la Acofop. El contrato entre Conap y las comunidades se extiende por 25 años, en 2022 finalizará el convenio de los territorios de Melchor de Mencos y Carmelita. Entre desconsuelo y poca armonía del gobierno municipal y central, los pobladores se mantienen intranquilos de que el acuerdo no se prorrogue. Cada comunidad genera entre US$8 a US$10 millones anualmente. Los recursos se dirigen a salarios, infraestructura, educación, salud, vigilancia, preservación forestal y control de incendios. Hasta la fecha se desconoce cuál será el destino de la Reserva de la Biosfera Maya.

Articulo original publicado por El Periódico, Guatemala, en este enlace