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Mantente al tanto de lo que ocurre en los bosques de Petén y conoce acerca del trabajo de ACOFOP para protegerlos

La lección de un bosque que produce US$6 millones

En Guatemala, un grupo de campesinos logró armonizar el cuidado de los bosques y su aprovechamiento productivo. El modelo, que se implementó tras la firma de la paz en ese país, puede ser un lección para Colombia en el posconflicto.

La Asociación de Comunidades Forestales de Petén es un ejemplo mundial de aprovechamiento sostenible de bosques.Óscar Pérez
En la selva que cubre a San Vicente del Caguán existe hoy un hueco de 1.200 hectáreas que fueron deforestadas cuando las Farc salieron de allí para dirigirse a las zonas de concentración. En Caquetá y Putumayo, el fin de la guerra ha hecho que territorios inexplorados se vean de repente colmados de actores listos para explotarlos. Hace 20 años, Guatemala, que llevaba 36 años en guerra, se encontraba en una situación similar. Sus acuerdos de paz incluyeron un modelo de manejo forestal que podría ser una lección para nuestro país.

Marcedonio Cortave, líder de los campesinos que propusieron el modelo, cuenta que las primeras reuniones las hicieron escondidos en la sede del Suchilma, un sindicato de chicleros y trabajadores de la madera. Tenían miedo de que el Ejército, que ya había asesinado y desaparecido a 200.000 civiles, los tachara de “subversivos”. Luego, con los acuerdos de paz, el movimiento social floreció en Guatemala y la Asociación de Comunidades Forestales de Petén (Acofop), como se llamó la organización de campesinos, pudo dejar las sombras.

Salieron a exigir tierras en la provincia de Petén, en las que trabajaban desde hacía 80 años. Aseguraban que eran capaces de aprovechar sus bosques sin deforestarlos y, además, garantizar el sustento y llevar “las tortillas a la mesa” de los campesinos. En el mundo no existía un modelo semejante. Pero, gracias a los acuerdos de paz, lograron que el Gobierno “prestara” 100.000 hectáreas de bosque para que durante 25 años sacaran de allí madera; xate, una palma para arreglos florales, y semillas que se usan en la industria de alimentos.

La llegada

Para llegar a las tierras que prestó el Gobierno, las nueve concesiones que hacen parte de Acofop, hay que rodar hacia el norte de Guatemala, donde el país se toca con México y Belice. La cal hace que los caminos sin pavimentar brillen bajo el sol. El paisaje es familiar: pastos bajos con vacas rumiando. Pertenecen a colonos que entre los sesenta y los ochenta llegaron a tirar el bosque abajo como ilegales o, a veces, apoyados por la política de desarrollo que proponían los gobiernos.

Pero al mirar al frente, una pared verde corta de tajo la explanada amarillenta. Es la Reserva de Biosfera Maya, que el gobierno de Guatemala creó en 1990, en parte presionado por la comunidad internacional. La muralla verde se extiende por 2,1 millones de hectáreas, cubriendo el 20 % del territorio guatemalteco. Allí dentro están las nueve concesiones e igual número de parques naturales, esos sí bajo la vigilancia del Estado.

En la entrada de las concesiones se alzan pequeños puestos de control, construidos en madera y en donde siempre hay un miembro del ejército, un representante del Gobierno y un socio de la organización que maneja esos territorios. En contraste, hay zonas protegidas de las que nadie da razón. Aquellos parques que no están rodeados por las concesiones, explica Marcedonio Cortave, “tienen presencia de tala ilegal, ganadería y robo arqueológico”. Las cifras le dan la razón: si en las concesiones la deforestación es del 0,4 %, en las reservas estatales oscila entre el 1 y el 5 %.

“Yo aquí no volveré”

La llegada a Uaxactún, la concesión más grande de todas, es atípica. El puesto de control se encuentra muchos kilómetros antes de llegar, pues es, además, la entrada a uno de los parques naturales y arqueológicos más importantes de Petén: el Tikal. Allí, los mayas establecieron uno de tantos observatorios astronómicos. Las 83.553 hectáreas de un bosque tupido de cedro, caoba, santamaría, pucté y manchiche que manejan sus habitantes se entrelazan con las pirámides que coronan el parque.