La biodiversidad, los guardianes y las concesiones comunitarias en Petén

Las concesiones comunitarias en Petén son el ejemplo de éxito y conservación de la Reserva de la Biosfera Maya. La zona está habitada por personas que aseguran ser “los guardianes” del bosque, el cual fue declarado como el espacio natural más grande de Guatemala

Por Saira Ramos

Para unos el amor lo es todo. Así es el bosque para las comunidades Uaxactún y Yaxhá, en Petén.

En los últimos 19 años, esas poblaciones recibieron concesiones para conservar 37.1 mil hectáreas de la Reserva de la Biosfera Maya (RBM).

Dicha área es la más grande de Guatemala, ya que representa una superficie de más de 21.6 millones de kilómetros cuadrados. Esta se ubica en el norte del país, en la zona fronteriza con México y Belice.

En la RBM hay una alta diversidad biológica y elementos representativos de flora y fauna, así como sitios arqueológicos.

Hay comunidades organizadas para conservar la Reserva de la Biosfera Maya. / Foto: CONAP

“Hemos aprendido a convivir con el bosque, es nuestra vida”, dijo Magdalena Peralta, de la Sociedad Civil, Organización, Manejo y Conservación (OMYC) de Uaxactún.

En esa comunidad viven 180 familias, el 90% de ellas comercializa la palma del xate. Esta se exporta principalmente hacia Estados Unidos para la elaboración de arreglos florales.

“Las mujeres pasamos de ser amas de casa a ser lideresas. La mayoría se ha involucrado en las actividades para la conservación del bosque”

Este artículo fue publicado originalmente por Publinews, Guatemala, en este enlace

 

Biósfera Maya: la exitosa historia de conservación de la selva tropical en Guatemala y por qué ahora está bajo amenaza

04 octubre, 2019

Mientras gran parte de la atención mundial se centraba en los incendios que han devastado la selva tropical de Sudamérica en las últimas semanas, una lucha a miles de kilómetros de distancia se está librando para salvar una zona protegida.

La Reserva de la Biosfera Maya en Guatemala se encuentra en un punto crítico de deforestación, pero hay una gran franja donde la tasa se ha mantenido en casi 0 desde el año 2000.

Sin embargo, lo que ha sostenido esta historia de éxito está amenazado. La periodista Lucy Sherriff explica por qué

«Es un tremendo ejemplo de cómo manejar un bosque» dice Alejandro Santos sobre el esquema de gobierno pionero en su tipo que permite a las comunidades locales administrar partes de la Reserva de la Biosfera Maya.

Santos es un economista ambiental que trabaja con los habitantes del lugar.

Dice que proteger la biosfera, que cubre una quinta parte de Guatemala, es clave no solo porque alberga una gran variedad de vida silvestre, sino también por sus capacidades de captura de carbono.

El esquema, puesto en marcha desde 1994, otorga concesiones a 12 comunidades para administrar el 20% de la biosfera, lo que equivale a unas 400.000 hectáreas.

En las áreas gestionadas por las comunidades, la tasa de deforestación ha caído al 0,4% en los últimos años, como indica un estudio de la ONG internacional Rainforest Alliance.

En contraste, algunas de las áreas circundantes tienen algunas de las tasas de deforestación más altas de las Américas.

12 comunidades tienen bajo su cuidado el 20% de la biósfera maya en Guatemala. Foto: Sergio Izquierdo

El parque nacional Laguna del Tigre es una de esas áreas.

Protegido bajo la ley del gobierno pero no administrado por las comunidades locales, ha perdido el 30% de su cobertura arbórea entre 2001 y 2018, según datos satelitales.

Sin embargo, en Carmelita, que es parte del plan, a las personas se les permite vivir del bosque, siempre que lo hagan de manera sustentable.

«El modelo funciona», dice Carlos Crasborn, residente en Carmelita y líder de la Asociación de Comunidades Forestales de Petén, el organismo que supervisa las concesiones y los enlaces con el gobierno.

Explica que la diferencia entre la tasa de deforestación en Laguna del Tigre y su comunidad muestra que permitir que las comunidades locales manejen el bosque es el camino a seguir.

«Nuestra lucha siempre ha sido probarnos ante el gobierno, y lo hemos hecho», señala.

Futuro Incierto

A pesar de su éxito, el futuro del modelo está en peligro.

Las concesiones, cada una de las cuales tiene su propia fecha de vencimiento, deben renovarse en los próximos cinco años.

Las concesiones para trabajar el bosque de manera sustentable, como la cosecha de nueces de ramón, se otorgaron en 1994. Foto: Sergio Izquierdo

El más cercano expira en 2020 y no hay garantía de que el gobierno guatemalteco lo renueve.

Una serie de industrias, incluyendo las del comercio de cemento, de telecomunicaciones y de turismo, tienen sus ojos puestos en la reserva que cuenta con ricos recursos y tierras maduras para el desarrollo.

Si el gobierno guatemalteco decide no renovar la concesión de Carmelita, la comunidad tendrá que abandonar el bosque.

«Hemos estado aquí durante 120 años y no parece justo que tengamos que irnos», apunta Crasborn.

El ingreso que su comunidad obtiene del bosque asciende al equivalente a US$675.000 anualmente.

Las comunidades pueden ganar dinero a través de contratos con agencias gubernamentales y las ONG que ayuden a conservar el bosque, incluida una asociación con el proyecto GuateCarbon de la ONU, que paga a la población local por los servicios forestales.

Las reservas han fortalecido el desarrollo comunitario y han evitado la migración de sus habitantes. Foto: Charlie Watson

Las fuentes de ingresos incluyen patrullaje forestal, prevención de incendios, cosecha de madera y productos no maderables, como hojas de palmera de xate, chicle y nueces de ramón.

Más de 15.000 personas viven en las comunidades que administran la reserva.

Entre esta población, los niveles de desnutrición infantil son más bajos, las tasas de asistencia a la escuela son más altas, y menos personas migran a las ciudades.

Poca Fe

«¿A dónde iríamos? No sé dónde viviríamos», dice Crasborn. La gente en Carmelita tiene poca fe en el gobierno, señala.

«Sería muy triste ver que este bosque se convierta en pastoreo de ganado después de tanto trabajo duro», agrega, refiriéndose al interés que la industria agrícola ha expresado en el área.

El gobierno se beneficiará financieramente de la venta del bosque a corporaciones privadas, además de que la presencia de petróleo significa que la tierra es particularmente valiosa.

Pero las consecuencias de no renovar las concesiones comunitarias se extenderían más allá del desplazamiento de las comunidades.

La cosecha del chicle es una de las actividades que la comunidad de Carmelita realiza en el bosque. Foto: Sergio Izquierdo

El bosque es una herramienta vital de captura de carbono y sostiene un abanico de biodiversidad, incluida la última población restante de una subespecie de guacamaya roja.

La reserva alberga más de 500 especies de aves, así como jaguares, el tapir de Baird en peligro de extinción, y muchos más tipos de fauna y flora.

«Es muy difícil decir qué sucederá», sostiene Gabriela Cordón, quien trabaja para Rainforest Alliance, una ONG que hace campaña en Guatemala para renovar las concesiones.

La BBC contactó a la oficina gubernamental que autoriza y renueva las concesiones, el Consejo Nacional de Áreas Protegidas, para obtener comentarios, pero no recibió una respuesta.

«El gobierno podría decir ‘no te preocupes, estará bien’, pero pueden cambiar de opinión.Históricamente, así es como funciona nuestro gobierno,no hay certeza. Esa es nuestra principal preocupación», expone Cordón.

«No podemos confiar en que el gobierno tenga en mente los mejores intereses de las comunidades y los bosques, especialmente cuando hay organizaciones influyentes que tienen otros planes».

Este artículo fue publicado originalmente por BBC Mundo en este enlace

Los guardianes de la Biosfera Maya solicitan renovar nueve concesiones

Más de 24 mil personas están a cargo de 500 mil hectáreas de bosque húmedo. Las comunidades mantienen un proceso comercial y de protección a la naturaleza

Por: Evelin Vásquez / elperiódico

Una línea delgada divide el bosque de la Reserva de la Biosfera Maya (RBM). Un territorio verde con altos árboles y una pradera extensa para la agricultura y ganadería marcan la diferencia.

La Reserva abarca 2.1 millones de hectáreas (ha) de bosque que se extiende por México, Guatemala y Belice. Aquí se encuentra una diversidad de animales salvajes, vegetación y sitios arqueológicos que marcan la historia de la civilización.

Alrededor de 500 mujeres pertenecen a las concesiones en Acofop. Ellas representan a sus organizaciones a nivel nacional e internacional y dirigen los proyectos productivos de la comercialización de xate para la exportación. Además de la producción de pimienta, semilla de Ramón y el desarrollo del turismo comunitario en sus localidades.

A 552 kilómetros de la Ciudad de Guatemala hacia el norte del país están ubicadas nueve concesiones de la Asociación de Comunidades Forestales de Petén (Acofop), quienes están a cargo de la preservación del bosque húmedo petenero, bajo un modelo forestal comunitario con gestión económica, social y ambiental.

Entre caminos de terracería en mal estado, sin pertenencia territorial, casas de adobe y poco acceso a servicios básicos, más de 4 mil 600 familias están a cargo de 500 mil ha. “Nunca creyeron que las comunidades podíamos manejar el bosque de forma sostenible, organizarnos y compartir en el control del territorio”, manifiesta Marcedonio Cortave, director ejecutivo.

Este territorio promueve agricultura de productos no tradicionales, la tala de árboles controlada y el turismo sostenible. Las concesiones exportan palma de xate, nuez de ramón, pimienta y apicultura. Además mantienen un modelo de corte de madera de 25 a 30 años.

El coordinador del área de desarrollo de capacidades de Acofop, Erick Cuéllar, explicó que no ha sido un trabajo fácil trasladarse de una economía tradicional a una circular donde se pueda vivir del bosque por medio de su conservación. Sin embargo, los comunitarios se convirtieron en forestales, técnicos y empresarios.

“Muchos de los socios se dedicaban a la agricultura y venían con la idea de botar el bosque y dedicarse a sembrar maíz o a la ganadería, pero en el proceso se logró cambiar”, expresa Cuéllar.

Patrimonio

Las concesiones comenzaron en 1990 a partir de la creación de la Reserva de la Biosfera Maya. Desde acá han tenido que afrontar delincuencia, tala ilegal, narcotráfico y narcoganadería.

No obstante, el  modelo ha logrado establecer un sistema de gobernabilidad en el territorio con una alianza entre pobladores, Estado y organizaciones internacionales. Además se llevó un cambio cultural al garantizar la participación de jóvenes y mujeres para que puedan obtener mejoras salariales.

El sistema forestal comunitario se basa en un aprovechamiento sostenible del bosque que no deja atrás el rescate de especies en peligro de extinción, la reducción del índice de deforestación y el control y manejo de incendios forestales. Asimismo, se creó el proyecto Guatecarbon para disminuir las emisiones de dióxido de carbono.

Modelo para la amazonia

Durante julio, funcionarios públicos, dirigentes de entidades de conservación forestal, agricultores, ingenieros y líderes de asociaciones de Brasil, Colombia y Perú visitaron tres de las nueve concesiones comunitarias para verificar el proceso organizativo local y poder replicarlo.

El director de la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible (FCDS), Rodrigo Botero, explicó que Petén es una referencia para la Amazonia por utilizar un modelo comercial, productivo y de diversificación exitoso. “En 25 años las concesiones cambiaron sus prácticas cotidianas y marcaron la diferencia con un modelo de gobernanza estable”, enfatizó.

Pero conseguir la estabilidad no fue fácil, enfatiza Botero. Petén estuvo inmerso en las consecuencias del conflicto armado interno, se mantuvo una fricción entre las comunidades y la llegada del Consejo Nacional de Áreas Protegidas (Conap). Así también la apropiación territorial por el narcotráfico, gobiernos locales cooptados, presencia militar y un aparato económico inmerso en la corrupción.

Varias de las comunidades viven dentro de la Reserva de la Biosfera Maya, estas no fueron desalojadas porque el gobierno reconoció su pertenencia histórica. Sin embargo, la tierra no les pertenece y se exponen a falta de infraestructura vial, de viviendas y servicios básicos como agua, saneamiento y salud. Las construcciones se mantienen de adobe y lámina. Al concluir las concesiones el mayor temor es que los retiren.

Las mujeres tienen incidencia

El modelo comunitario forestal de Petén hizo un cambio cultural al coordinar junto a las mujeres de las comunidades el manejo de la comercialización de la palma de xate, pimienta, semilla de ramón y el desarrollo del turismo.

Son 481 las socias de Acofop. La red de mujeres representa a sus organizaciones a nivel nacional e internacional. Parte del compromiso constante son las capacitaciones en liderazgo y fortalecimiento de habilidades. Dominga Boj, administradora de la bodega de xate en Uaxactún, Petén, explicó que son ellas las encargadas de hacer un control de calidad y seleccionar las mejores hojas, sin hongos y cortes.

Boj dirige las operaciones de forma manual. La mayoría de las mujeres no tuvieron acceso a la educación o llegaron a tercero primaria. “Ahora tenemos un tema de género, en el que nosotras valemos. Poseemos los mismos derechos y obligaciones que antes no teníamos, solo los hombres”, argumentó. Las mujeres acceden a salarios arriba del mínimo, seguro social y educación.

Plan de éxito

La exportación de xate se hace principalmente hacia Estados Unidos para la elaboración de arreglos florales. Boj expresó que se envían 400 paquetes semanales. Cada uno posee 600 palmas que varía por tamaño entre jade, regular o cola de pescado. El costo de venta oscila entre US$12.25 a US$14.50 por paquete.

La calidad del mercado en Acofop fue liderado por la adquisición de certificaciones internacionales. El Consejo de Administración Forestal (FSC, por sus siglas en inglés) otorgó  tres certificaciones que le da al negocio un valor agregado. Conap tutela y otorga las licencias de exportación, por lo que las concesiones se rigen bajo este contrato.

Lideresas

Otros de los logros es la intervención de las mujeres en la Red de Mujeres de la Alianza Mesoamericana de Pueblos y Bosques (AMPB) y la Red de Mujeres Salvando Vidas, una alianza trinacional entre México, El Salvador y Guatemala.

Andrew Davis, investigador principal del Programa Regional de Investigación sobre Desarrollo y Medio Ambiente (Prisma), expresó que las comunidades han integrado un modelo de vida sostenible en el que son parte las lideresas  siendo eje central del progreso.

Bosques podrían perderse

Uno de los peligros a mediano plazo es la desaparición de dos de las nueve concesiones que reúne la Acofop. El contrato entre Conap y las comunidades se extiende por 25 años, en 2022 finalizará el convenio de los territorios de Melchor de Mencos y Carmelita. Entre desconsuelo y poca armonía del gobierno municipal y central, los pobladores se mantienen intranquilos de que el acuerdo no se prorrogue. Cada comunidad genera entre US$8 a US$10 millones anualmente. Los recursos se dirigen a salarios, infraestructura, educación, salud, vigilancia, preservación forestal y control de incendios. Hasta la fecha se desconoce cuál será el destino de la Reserva de la Biosfera Maya.

Articulo original publicado por El Periódico, Guatemala, en este enlace

Los bosques comunitarios de Guatemala, un ejemplo para Colombia

Antiguos cazadores hicieron de la conservación un negocio que  generar 6 millones de dólares al año

Por: Tatiana Pardo Ibarra

26 de julio 2019 , 07:02 p.m.

Hasta Petén, en Guatemala, llegaron algunos líderes campesinos de Brasil, Perú y Colombia para aprender sobre el manejo comunitario del bosque que antiguos cazadores y contrabandistas de madera hacen dentro de la Reserva de la Biósfera Maya.

Creada en febrero de 1990 como el complejo de áreas protegidas continuas más grande de Centroamérica, la tupida selva tropical abarca 2,1 millones de hectáreas (ha) que se extienden hasta México y Belice. En la medida en que nos adentramos, una carretera estrecha de arenisca roja deja ver el contraste del paisaje: a un lado, árboles en pie; al otro, pastizales con vacas que rumian. Esa es la diferencia entre los territorios manejados por 9 concesiones, agrupadas en la Asociación de Comunidades Forestales de Petén (ACOFOP), y aquellos que no.

Esta zona de triple frontera, que ha vivido en carne propia los estragos que dejaron tres décadas de conflicto armado interno, tiene hoy uno de los ejemplos más aplaudidos sobre los beneficios económicos que brinda la conservación de los recursos naturales.

Los locales han logrado frenar la deforestación, controlar los incendios forestales, estabilizar la frontera agrícola y proteger el hogar de varias especies amenazadas –como el jaguar, el faisán, el tapir y el mono araña– a través de un modelo productivo que les es rentable–. Se refieren a él como “la mayor extensión bajo concesión comunitaria del mundo”.

Petén Guatemala
Esta es la diferencia entre el bosque manejado de manera sostenible por ACOFOP y el que no. La comunidad usa drones para controlar los incendios. Foto: Sergio Izquierdo para USAID | Rainforest Alliance

El camino, por supuesto, ha estado lleno de tropiezos. Andrew Davis, del Programa Regional de Investigación sobre Desarrollo y Medioambiente (Prisma), explica que la creación de la reserva básicamente fue impuesta sobre las comunidades que ya vivían ahí y tenían una tradición forestal. “Los límites fueron hechos desde un escritorio que desconocía las realidades locales, lo que generó una resistencia, que además se mezcló con una alta conflictividad y fragmentación social que dejó el final de la guerra”, dice.

En este escenario convulso surge la necesidad de buscar mecanismos que ayuden a aliviar las presiones sobre el bosque tropical y, a la vez, se concilie con las necesidades locales. La respuesta del Estado guatemalteco fue aprobar una política que reconocía derechos de manejo a los pequeños y medianos campesinos bajo contratos de concesión (de 25 años prorrogables) dentro de una fracción de la reserva. El acuerdo de paz firmado en 1996 fue el empujón que hacía falta para avanzar: se les entregaron 100.000 hectáreas de tierra.

El Estado no creía que las comunidades pudiésemos manejar el bosque de manera sostenible, organizarnos y compartir derechos en el control del territorio

Hoy, 2.500 socios (pero más de 15.000 beneficiados directamente) quintuplicaron su área dentro de la región de Petén, lo que al año les genera unos 6 millones de dólares gracias a la exportación de maderas finas (cedro, caoba y machiche); el aprovechamiento de recursos no maderables (como chicle, xate, pimienta y nuez de ramón), las plantas medicinales, las artesanías y el turismo.

“Esto no ha sido fácil”, recuerda Marcedonio Cortave, el líder que empezó este modelo de gobernanza años atrás. “Lo primero fue la desconfianza. El Estado no creía que las comunidades pudiésemos manejar el bosque de manera sostenible, organizarnos y compartir derechos y responsabilidades con ellos en el control del territorio”.

Lo más difícil, cuenta, fue el cambio cultural y el tecnicismo que hay detrás de tantas reuniones y papeleo. Entre un enjambre de conceptos, “uno se pierde y hasta da pena opinar para no pasar por ignorante”, dice el hombre de 60 años a quien la violencia le arrebató a su hermano mayor y luego lo obligó a desplazarse. Para obtener resultados, aconseja, hay que empezar con simplificar el lenguaje y reconocer los distintos saberes.

Las comunidades locales se han capacitado en manejo de drones para monitorear y vigilar el estado de la selva, particularmente para prevenir incendios forestales.

Jaguar
Wildlife Conservation Society (WCS) ha realizado distintos estudias que muestras los efectos positivos de las concesiones comunitarias en la conservación de especies en peligro de extinción. Foto: Sergio Izquierdo para USAID – Rainforest Alliance

La cogestión es fundamental. Entre los huacheros –que saquean los sitios arqueológicos y luego venden las piezas antiguas en el mercado negro–, el narcotráfico, la ganadería extensiva, el turismo voraz y desorganizado, los intereses petroleros, la siembra de palma de aceite y caña de azúcar, así como la incertidumbre de que las concesiones terminarán pronto (solo les quedan entre 3 y 7 años), la comunidad se ha venido organizando y capacitando para hacerles frente a las distintas amenazas que acorralan sus hogares.

Solo en el año 2017, Acofop destinó 412.000 dólares en labores de control y vigilancia de incendios forestales, lo que les permitió realizar más de 1.000 patrullajes, poner 200 campamentos y hacer el mantenimiento de 453 kilómetros de brechas cortafuego a lo largo del territorio bajo su control. La ciencia los respalda: “En las nueve concesiones comunitarias, la tasa de deforestación anual ha sido de 0,1 por ciento, mientras que en las áreas no concesionadas llega a 2,2”, señala el Cifor.
.Guatemala significa ‘donde abundan los árboles’. Petén le hace justicia al nombre, aún.

Plan piloto en Guaviare

Olmes Rodríguez tiene 20 hectáreas de tierra en el segundo departamento más deforestado de Colombia: Guaviare, ubicado en la Amazonia. Desde el aire, este departamento se ve fragmentado, con trochas que se abren paso entre la selva como espinas de pescado. A veces luce más como un tapete pegado con retazos que llevan el nombre de coca, vacas, posconflicto, extracción ilícita de minerales y madera, al igual que una especulación alrededor de la tierra que agrava el problema.

Rodríguez sueña con replicar el modelo de Guatemala en su territorio, pero antes le exige al Estado “voluntad política” para parar las motosierras y “judicializar a las grandes cabezas”. El año pasado, la Amazonia perdió 138.176 hectáreas de bosque natural, concentrando el 70 por ciento de la deforestación nacional.

Él es el presidente de la Asociación de Juntas de Acción Comunal del Capricho (Asocapricho), conformada por 120 familias que viven en siete veredas de San José del Guaviare (Manaviri, Chuapal, Paraíso, Tortugas, Caño Lajas, Caño Pescado y Caño Nilo) y que desde hace dos años empezaron a diversificar su modelo productivo. El programa GEF Corazón de la Amazonia lidera el proceso.

Chicleros
La mayoría de los ingresos de Acofop vienen de la exportación de maderas finas (cedro, caoba y machiche). Foto: Sergio Izquierdo para USAID | Rainforest Alliance.

Ahora estamos gateando, pero el que no empieza no termina, ¿cierto? Yo solo espero que podamos aprovechar la biodiversidad de nuestro país para frenar la deforestación. Tenemos cascadas hermosas, ríos, montañas y animales únicos”, señala orgulloso. “Lo primero que tenemos que hacer, después de ver a los compañeros de Acofop, es organizarnos mejor y que el Gobierno Nacional cumpla con el acuerdo de paz, especialmente con el tema de sustitución de cultivos ilícitos”.

A diferencia de ACOFOP, Asocapricho tiene otras potencialidades. En las 21.457 hectáreas que tienen en el corredor de conectividad entre los parques naturales de Chiribiquete y La Macarena se han identificado especies no maderables (asaí, cumare, seje, zancona y moricho), de las que podrían elaborar jugos, helados, mermeladas, aceites naturales, productos de belleza y medicinales; pero también especies con un valor en el mercado, como abarco, achapo, caoba y cedro macho.

Para Rodrigo Botero, director de la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible (FCDS), este es el momento para que Colombia piense en bosques comunitarios, donde los campesinos sean gestores del territorio, en un escenario marcado por la incertidumbre del posacuerdo. “Gran parte de la deforestación está concentrada en la reserva forestal de la Amazonia, en zonas que se vieron afectadas por la guerra. Habría que hacer un plan piloto en el cual el Estado les dé derechos de uso a las comunidades a largo plazo y sean estas las que administren el bosque”, afirma.

Botero no se refiere a fincas o aserraderos que involucren algún proyecto sostenible, sino a “un control territorial compartido e integral (entre entidades y actores) que genere apropiación e incluya más acciones disuasivas que ofensivas”. Lo primero que hay que hacer, opina, es organizar la casa: una línea base de gobernabilidad.

Más de 40 mujeres trabajando el xate en Uaxactún

Muchos de los habitantes de Uaxactún primero conocieron las avionetas antes que los carros. Sus primeros pobladores llegaron desde distintos rincones de Guatemala atraídos por la fiebre de la explotación chiclera que afloró a inicios del siglo XX, por lo que una pista de aterrizaje se abrió paso entre la selva para sacar la savia hacia mercados internacionales. La carretera que conduce al caserío es la misma que lleva al parque natural Tikal, un espeso bosque declarado patrimonio mixto de la humanidad por la Unesco que resguarda los restos arqueológicos de la antigua civilización maya.

Allí vive doña Dominga, una de las 40 mujeres que trabajan todos los días, de
7 a. m. a 5 p. m. en el centro de acopio de la palma del xate. Son ellas quienes se encargan de hacer el control de calidad y seleccionar las mejores hojas (sin hongos o cortes) que luego serán exportadas a Estados Unidos para hacer arreglos florales.

Ahora, con el tema de género, podemos aportar económicamente a nuestros hogares y sacar adelante a los hijos. Somos igual que ellos”, dice Dominga, quien trabaja desde el año 2005 en esta actividad.

TATIANA PARDO IBARRA
Twitter: @Tatipardo2
tatpar@eltiempo.com

Articulo publicado originalmente por El Tiempo (Colombia) en este enlace

Campesinos de Guatemala tienen la clave para frenar la deforestación en la Amazonia

LECCIONES DESDE LA BIOSFERA MAYA

Campesinos de Guatemala tienen la clave para frenar la deforestación en la Amazonia

Juan Miguel Hernández Bonilla / @juanmiguel94

Las concesiones comunitarias de Petén protegen más de 500.000 hectáreas de bosque nativo y generan beneficios económicos y sociales cercanos a los US$6 millones al año. El modelo es un ejemplo para Perú, Brasil y Colombia.

En diciembre de 2015, James Valentine, guitarrista de la banda de rock estadounidense Maroon 5, llegó hasta Uaxactún, una concesión forestal en medio de los bosques nativos de la biosfera maya, en el departamento de Petén, al norte de Guatemala. En el viaje también estaban Jesse Carmichael, el pianista del grupo, y Adam Gardner, cantante y guitarrista de Guster, una banda de pop alternativo de Boston, reconocida en el mundo por su compromiso con el cuidado del medio ambiente.

Los artistas esta vez no estaban de gira. Iban, simplemente, a buscar el origen de su música. Querían saber de dónde sale la madera con la que la empresa de instrumentos C. F. Martin & Coy fabrica sus guitarras.  Querían saber cómo es el proceso de extracción sostenible que ha permitido que las maderas de esa región estén certificadas con los más altos estándares de calidad internacional. Querían saber, sobre todo, quiénes son, cómo viven y qué piensan los campesinos que talan las caobas más finas de la tierra y al tiempo protegen el bosque y su biodiversidad.

La semana pasada delegaciones de tres países de la Amazonia hicieron el mismo recorrido. Funcionarios de los ministerios del medio ambiente de Perú, Brasil y Colombia, ingenieros forestales, dirigentes de las entidades encargadas de la conservación de la selva, pequeños productores agrícolas y líderes de asociaciones campesinas de los tres países viajaron hasta las concesiones forestales comunitarias de Guatemala para conocer los detalles del proceso organizativo local y tratar de replicarlo en sus territorios.

Durante el viaje, los asistentes del intercambio de experiencias de forestería comunitaria “Selva maya – Amazonia: por los bosques, la vida y la paz” visitaron varias de las organizaciones campesinas de Petén que desde hace 25 años protegen más de 500.000 hectáreas de bosque nativo y generan beneficios económicos y sociales para sus comunidades cercanos a los US$6 millones al año. La actividad fue organizada por la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible (FCDS), el Programa Regional de Investigación sobre Desarrollo y Medio Ambiente (Prisma) y la Asociación de Comunidades Forestales de Petén (ACOFOP).

Los campesinos de las concesiones creen que la clave del éxito del proceso, además del acompañamiento de distintas ONG, ha sido la organización de base, solidaria y cooperativa. “Sin organización no hay nada”, dice Eric Cuéllar, coordinador general de Acofop, la asociación de segundo nivel que agrupa a todas las empresas de las concesiones y que ha servido como apoyo y sombrilla para obtener certificaciones internacionales colectivas, cerrar grandes negocios de exportación y dialogar con los políticos de turno para mantener la estabilidad y la independencia de los territorios.

Cuéllar cuenta que al principio, en 1994, antes de la firma del proceso de paz con la guerrillas guatemaltecas, fue muy difícil para la sociedad civil que vivía en medio del bosque exigir sus derechos, porque “cualquier movimiento de organización social era visto como un movimiento rebelde y era reprimido”. Cuando se firmó la paz y las comunidades se organizaron para tener acceso al bosque, el gobierno aceptó cederles la administración de los territorios con la condición de que obtuvieran la certificación del manejo forestal del Forest Stewardship Council (FSC), el más exigente en el mundo en términos ambientales, en un plazo máximo de tres años a partir del inicio del contrato.

Esta condición obligó a las comunidades a replantear todo el modelo de aprovechamiento forestal que tenían y fue la oportunidad para que los campesinos que antes talaban selva para sembrar maíz o criar ganado tomaran conciencia de que el bosque y todo lo que había en él, biodiversidad y oxígeno, era suyo y por eso debían protegerlo. Si el bosque moría, ellos morirían con él. Entender eso fue la clave. “El bosque que no genere beneficios para las comunidades está condenado a desaparecer y si el bosque desaparece las comunidades vivirán en la pobreza”, dijo Cuéllar.

Además de ordenar y reglamentar la tala de árboles, los nuevos modelos de aprovechamiento incluyen la diversificación de los productos del bosque. Las comunidades descubrieron que la comercialización de la palma de xate, el fruto del árbol del ramón y la resina del chicle podían convertirse en fuentes de empleo e ingresos tan importantes como la madera. Hoy en día, casi todas las concesiones exportan estas materias primas a Estados Unidos y Europa.

“Aprender del modelo guatemalteco es una de las últimas oportunidades que tienen nuestros países para apostarles a programas de conservación de largo plazo que incluyan modelos serios de gobernabilidad, desarrollo territorial sostenible y oportunidades económicas para la gente que vive en los bosques”, dijo Rodrigo Botero, director de FCDS y organizador del intercambio, durante la visita a Carmelita, una cooperativa con 200 asociados que ha logrado reducir las tasas de deforestación al 0,01 %.

Los campesinos asociados han mejorado de forma radical su calidad de vida. Ganan mucho más dinero que el salario mínimo de Guatemala. Todos los niños que viven en la concesión van al colegio. La cooperativa cubre los gastos de atención en salud de sus asociados y da becas para que los jóvenes puedan estudiar una carrera profesional en la capital.

Algo similar ocurre en Uaxactún, la organización que visitaron los músicos de Maroon 5, y en las otras diez concesiones vigentes que protegen y aprovechan los bosques nativos de la Reserva de la Biosfera Maya. Esta experiencia es un ejemplo para que Colombia detenga la deforestación en la Amazonia, reduzca sus emisiones de dióxido de carbono y ayude así a mitigar el calentamiento global.

Publicación original de El Espectador, Colombia en este enlace